Las cuarentenas

La Asociación de Padres del colegio público Tomás Saínz del Río, ha recuperado recientemente la tradición de “Las Cuarentenas”.

Los niños volvieron a salir a pedir por las casas, llamando de puerta en puerta. Se disfrazaron como antes lo habían hecho sus padres, y disfrutaron de una actividad ya inusual en localidades de la zona.

El rico folklore popular se conserva precisamente porque en determinados días del año se ejercita y actualiza. En Navaleno, han caído en desuso el “Reinado”, “La Comedia”, y “El Mayo”, amén de otras costumbres ancestrales. Sigue en pleno vigor la fiesta infantil de “Las Cuarentenas”. En todos los pueblos sorianos, días antes de la Cuaresma, los muchachos celebran unas típicas fiestas que, dependiendo de la geografía provincial vienen a denominarse “Jueves Lardero” y en zonas de Pinares reciben el nombre de “Las Cuarentenas”. Esta última encierra una magnífica lección, eminentemente práctica, de educación social y cívica, al estar organizada y dirigida por el gobierno de los niños, algo que, según uso y costumbre tradicional, corresponde a los mayores.

La dirección corre a cargo del Rey ayudado por su gobierno, formado por un Bandera, dos Asadores, dos Cestas, un Cajero y dos Zurriagos. Cada cual tiene su cometido que cumple a conciencia.

El Rey, suprema autoridad, organiza y dirige ésta sociedad, cuyos súbditos son todos escolares, con eficacia y acierto. Como signo de autoridad y poder, va armado de una espada.

El Bandera, que es el segundo de abordo en el escalafón, suple al Rey en sus ausencias y lleva la enseña con la arrogancia de un capitán.

Los Asadores van provistos de sendos punzones de hierro donde ensartan los trozos de chorizo y tocino que recogen por las casas.

Los Cestas hacen otro tanto con los huevos, mientras que el Cajero es el depositario de los donativos en metálico. Por su parte, los Zurriagos, como de su nombre se deduce, son los encargados de mantener la disciplina con las correas que llevan, y que raramente emplean, al ser sus huestes dóciles y sumisas.

El cometido no es otro que el de recoger donativos para preparar la merienda de todos los martes de Carnaval, invitándose a autoridades y maestros. Viernes, sábado y domingo anteriores a la Cuaresma, los niños, en correcta formación con el Rey y el Bandera al frente, recorren las calles del pueblo llamando a todas las puertas, reclamando un donativo. La petición se cursa mediante romances cantados cuya letra se transcribe a continuación.

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Sara Vega

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